seguritecnia 424
60 SEGURITECNIA Octubre 2015 Diálogos con el arte midación en las personas. Citaré el que se considera el mayor robo de obras de arte, que fue el llevado a cabo por dos atracadores en marzo de 1990 en el Museo Isabella Stewart Gardner , en Boston (Estados Unidos), que se hicie- ron con obras de arte valoradas en 500 millones de dólares tras reducir violen- tamente a los vigilantes de seguridad. Cuando hablamos de violencia o in- timidación, que por propia definición sólo pueden ejercerse sobre personas, estamos hablando de atraco. Y este riesgo para las personas ha de resultar un acicate más, un incentivo adicional para los responsables empresariales en su tarea de prevenir los robos de obras de arte, y no precisamente con carácter secundario. Riesgo laboral Dado lo incipiente del tratamiento del atraco en el mundo de las obras de arte, es preciso que traiga aquí a cola- ción el largo y tortuoso camino que de- bimos seguir algunos hasta que el Tri- bunal Supremo nos diera la razón en el año 2008 y calificara el atraco como un riesgo laboral en las entidades finan- cieras. Y fue tortuoso porque debimos ganar en los tribunales a una patronal bancaria que simultaneaba, como he- mos tenido ocasión de comprobar des- pués, la apropiación de lo ajeno con un desprecio absoluto por el riesgo que corrían los trabajadores en su tarea de convivir con el dinero y otros títulos va- lores en sus puestos de trabajo. Los argumentos de los grandes des- pachos de abogados que los banque- ros pagaban generosamente con el di- nero de otros resultaban peregrinos a la par que ilegales. Y es que, desde fina- les de 1995, en España existe una Ley de Prevención de Riesgos Laborales (Ley PRL) que obliga imperativamente a ges- U na conclusión que puede ex- traerse de toda la casuística de robos de obras de arte es que sus riesgos están poco o muy mal gestionados. Lo lamentable es que en nuestro país tenemos una larga serie de robos y la sensación de que no han servido ni siquiera como aprendizaje vicario, escarmentar en cabeza ajena. Las personas que tienen responsabili- dades con estas obras de arte son, ge- neralmente, gestores administrativos o científicos que cuando hay que ajus- tar los números siempre empiezan por la seguridad, lo cual suele tener una do- ble explicación: que no tienen cultura ni conocimientos de seguridad o que no son conscientes de la necesidad del cumplimiento normativo –hoy ya de carácter legal y estricto– que les obliga a dotarse de medidas de protección adecuadas, con una atención especial a las de carácter organizativo. Nadie duda de lo importantísimo que resulta disponer de medidas que pre- vengan la materialización de estos ries- gos de robo. Pero existe algo en esta la- bor de tutela que se sitúa por encima del alto precio de las obras de arte y es el valor de la vida y la salud de las per- sonas que cuidan de esas obras, los que conviven con ellas y cuya integridad puede peligrar precisamente por estar relacionados con algo de tanto valor. A pesar de que el cine nos ha ido “contaminando” durante años con la imagen del ladrón de museos planifica- dor, cuidadoso e imaginativo entre cu- yos planes de robo nunca figura vio- lentar a las personas, la realidad es muy distinta. Necesitaría un espacio que no tengo para referirme a esa casuística, pero la inmensa mayoría de los robos se perpetran utilizando violencia o inti- José Manuel García Diego / Vocal de la Junta Directiva de Protecturi El atraco, riesgo laboral para trabajadores de centros culturales
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MTI4MzQz