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68 SEGURITECNIA Octubre 2015 Diálogos con el arte con cinceles dulces de convento de re- cetas, de las que no se escriben, de las que van pasando de madres a hijas con la mirada de cariño y la mano que guía para dar sentido a la golosina. Así que, sin duda alguna, nuestra vida está dedicada a un gran menester, en- clavado entre las ciencias que llevan del cuerpo al alma en un solo paso... El de tener en la boca un pedazo de nostal- gia que te trae al presente escenas de tu vida que se vuelven reales en un solo bocado. En ese ir y venir de cacerolas, hervir de pucheros, crepitar la leña del horno, empezó la historia del “ arte de cocinar” de mi familia. Corría el año 1895 cuando mis recién casados bisabuelos Feliciana y Dionisio Duque deciden hacer de su pequeña tasquita una Casa de Comi- das. Siendo ellos de espíritu empren- dedor, se aventuran a, en el zaguán de su casa, abrir las puertas a una nueva forma de atender a los clientes muy atrevida y novedosa para la época. Ellos guisaban un plato principal, asaban “de encargo” y admitían comidas. El visitante se acercaba a Casa y lle- vaba su comida, y allí mi bisabuela, en- cargada de los fogones, se la ponía a punto, mi bisabuelo se la servía y les po- nían el pan y el cuartillo de vino que al- guno de los arrieros llevaba hasta la casa. Así pasaron los años consolidándose como casa de prestigio y referencia por toda la provincia, siendo visitada por los comerciantes que venían a hacer su trato de ganado, cereales o cualquier otra transacción que requería la vida del momento, así como curas, canónigos o representantes de la ciudad que tenían como “albergue” y resguardo la Casa de Duque, llamado entre ellos “El Chato”. Bien entrado el nuevo siglo XX, ya con su hijo en el negocio, los bisabuelos se- guían afanosos aumentando su historia gastronómica añadiendo a la humilde casa de comidas platos más “finos” que llegaban a la ciudad de manos de las co- cineras que traían los “veraneantes de postín” a la Granja de San Ildefonso. Así se llegaban a ver en la misma mesa unos grandiosos judiones con su acompa- ñamiento, junto con un fino congrio en A lgunos recuerdos de nues- tra vida y muchos momen- tos de nuestra historia están alrededor de una mesa, con las perso- nas que forman parte de ella y con las viandas que degustamos y comparti- mos en su compañía. Aprendemos, ju- gamos, nos reímos y pasamos nuestra infancia, juventud y madurez rodeados de costumbres, celebraciones y aga- sajos o enseñanzas que tienen un mo- mento relacionado con la tradición cu- linaria; desde el pan con chocolate de la merienda jugando con los amigos en “la plazuela”, la cena de Nochebuena, las reuniones de amigos compartiendo risas y cantos, la comida de la boda, el bautizo de los hijos... Acontecimien- tos clave de la vida que están bien flan- queados por apetitosos y no poco gus- tosos manjares. La historia de mi familia forma parte de muchas de esas vidas que llegan hasta Casa Duque, donde bordamos en nuestro horno cochinillos tiernos y crujientes, pintamos brillantes y lucidas perdices estofadas de tiro y esculpimos Marisa Duque / Maestro asador de Segovia El arte de cocinar Dionisio Duque.
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