Seguritecnia 502

/ Julio-Agosto 2023 70 Seguridad en smart cities o ficticios), la climatología adversa o los maremotos. Del mismo modo, todas las ciudades inteligentes, independiente- mente de su antigüedad, tamaño o pro- pósito, se enfrentan a peligros similares en materia de ciberseguridad. Sin duda, uno de los principales es el volumen de la amenaza. No importa el número de personas empadronadas, el tamaño de los recursos disponibles para proteger los activos de una ciudad inte- ligente resulta inferior en varios órdenes de magnitud. Todo el mundo quiere ex- plotar las nuevas oportunidades. La velo- cidad de crecimiento de las necesidades escala con mayor rapidez que la de las herramientas de gestión, y eso sin con- tar con la curva de aprendizaje, aunque nos pongamos en manos de una Inteli- gencia Artificial. Aquí es donde los oponentes pueden disponer de una ventaja. Si incorpora- mos la ciberseguridad en el embrión de cada proyecto, deberíamos ser capaces –salvo que Pareto estuviera equivoca- do– de cubrir el 80 por ciento de los casos con un 20 por ciento del esfuer- zo en situaciones tan sensibles como el descubrimiento y corrección de vulnera- bilidades de las infraestructuras críticas o la detección, contención y respuesta de amenazas en la convergencia IT/OT. ‘Citiborgs’ Lo reconozco, me acabo de inventar el palabro (por cierto, ‘palabro’ sí está en la Real Academia Española). Llevo un tiempo diciendo que, aprovechando que en Europa tenemos claro que los datos pertenecen a las personas, deberíamos imaginar las ciudades como si fueran una persona para entender que los da- tos de una urbe pertenecen a su ciuda- danía. Siguiendo con el símil, una persona que se implanta dispositivos para mejo- rar capacidades de su parte orgánica se denomina ‘cíborg’, y por eso me ha pa- recido creativo imaginar que una ciudad que se implanta dispositivos sería un ‘ci- tiborg’. Sí, estoy hablando del Internet de las Cosas. Miles, millones de cachivaches de todo tipo expuestos físicamente en las calles, con acceso de administración y comunicación bidireccional para entre- gar datos de sus sensores y recibir ins- trucciones para sus actuadores. ¿Qué podría salir mal? No sé si a vosotros se os ocurren opciones, pero a mí me pa- gan por pensar como si fuera malo. Es fácil imaginar un escenario distópico en el que cualquier servicio municipal sea víctima de un ransomware : transportes públicos, tributos, semafórica, sumi- nistros, emergencias… Elige tu propia aventura. Sin llegar a ponerse en lo peor, el momento actual presenta: una torre de babel tecnológica, donde el regulador necesita alinear la interoperabilidad de un incontable número de fabricantes e integradores; necesidades de autentica- ción robusta que no suelen ser compati- bles con las capacidades energéticas de los dispositivos; diseños que soporten operaciones idempotentes para ofrecer resistencia ante la pérdida de datos; o protección contra la alteración y des- trucción física. El ojo que todo lo ve “La libertad es la esclavitud”. Como pro- bablemente ya hayas supuesto, la frase no es mía. La escribió George Orwell en La proliferación de cámaras de videovigilancia en las calles de nuestras ciudades es algo que ya no sorprende a nadie

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