Seguritecnia 511
Detectives los integrantes de un partido político o de otro. Aquí ya no interviene “la Polí- tica”, dicha está con mayúsculas; no está presente la política de Platón –con su lógica evolución– sino la política de Carl Schmitt, mucho más realista y que distingue entre la política de los amigos y de los enemigos. Es la política tam- bién vista por Maquiavelo. Se trata, de hecho, de una política bastarda, mediocre e intrusiva por la manipulación que el manipulador, con su oratoria, ejerce sobre el manipula- do –el ciudadano–, siendo este último quien, actuando con ignorancia o ma- nifiesta mala fe, en un alarde de esper- péntica imitación de sus adalides polí- ticos, se encargará de propagar por su círculo íntimo (y no tan íntimo, pues la las redes sociales dan un flujo continuo de información o desinformación en un efecto multiplicador exponencial) estos bulos, defendiéndolos con vehemencia como ciertos. Y en esto, amigo lector, todos caemos en mayor o menor me- dida, con independencia de la bandera que enarbolemos, pues en estos asun- tos se pone más corazón que cerebro. Esto los políticos lo saben, ejerciendo ese poder de manipulación para con- vencer en muchas ocasiones, por des- gracia, de lo que no es verdad. Manipulación informativa Una herramienta muy poderosa con la que cuentan los políticos son los me- dios de comunicación, que se encar- gan de presentar de manera sesgada, atendiendo a la ideología de su línea editorial, los distintos acontecimien- tos políticos o de la vida cotidiana. Un medio de comunicación serio –hay mu- chos– no miente, pero sí es cierto que puede ocultar información que no le interesa dar o presentar ante la opinión pública de una determinada manera para generar opinión. El principal logro de un medio de comunicación es gene- rar opinión a través de una información veraz, por lo que no es raro ver a nivel internacional que esta opinión difundi- da y generada pueda llegar a desesta- bilizar gobiernos. Una vez más el poder de la palabra, utilizado no solo para instruir, sino también y principalmente para persuadir, emocionar o cambiar la opinión dentro de la sociedad, tiene una importante repercusión dentro del mundo real, y todos, sin excepción, de una u otra manera utilizamos este poder –y somos receptores de él– en nuestra vida cotidiana. Este poder debería utilizarse para emocionar a quien escucha, para ins- truirle y motivarle, haciéndole incluso cambiar de opinión, pero sin engañar. Desafortunadamente, esto no siempre es así, pues el engaño es algo consus- tancial al hombre en sus relaciones interpersonales, que puede llegar a mentir en varias decenas de ocasiones diarias. No quiero hablar en este artículo de la desinformación de las fake news , por las que se difunde de manera in- tencionada y torticera noticias falsas o engañosas, sobre todo por las redes sociales, y de las que, desafortunada- mente se valen algunos partidos po- líticos y grupos sociales para intentar desestabilizar o convencer con trápalas y artimañas. Todos ellos, políticos, periodistas y divulgadores de fake news virales –¿ influencers ?– son profesionales de la comunicación que en su seducción comunicativa logran persuadir a un am- plio grupo de población. Hecha esta introducción, quiero re- ferirme ahora a otro grupo de profesio- nales de la comunicación y de la in- formación que en su día a día operan en una doble vertiente. Por un lado, intentando convencer, llevando con el poder de la palabra a su interlocutor por donde le interesa, sin que este si- quiera aprecie que recibe ese influjo, / Enero-Febrero 2025 99
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